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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 
Comentarios de la Lección 



¿Quién fue Jesús? 



Prof. Sikberto Renaldo Marks 



Versículo para Memorizar: "Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, pre- 
guntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quiénes dicen los hombres que es el Hijo del 
Hombre?" (Mateo 16:13). 



Introducción 

Confieso que pegué un salgo de alegría cuando descubrí el tema de este trimestre. 
Será maravilloso estudiar sobre nuestro Creador y Salvador. Muy pronto Él volverá, y 
entonces lo podremos conocer plenamente cómo es El. Mientras tanto, estudiemos 
acerca de Él, para que nos familiaricemos más con Él. Sin duda alguna, estas trece 
lecciones serán las mejores de todas hasta ahora, pues estudiaremos sobre un Ser 
que creó por amor y que murió por que nos ama. 

Es muy fácil descubrir quién es Jesús. Para las personas sencillas, que en términos 
de fe se hicieron como niños, Jesús es un Amigo insuperable. Es Alguien que siem- 
pre tendrían cerca. ¡Cuan bueno sería caminar con Jesús por la senda de la vida! 
¡Cuan bueno sería tenerlo al lado nuestro en el trabajo, en los momentos de placer y 
recreación, en nuestra familia, cenando con nosotros! Sería bueno tenerlo cerca 
cuando tuviéramos que enfrentar problemas difíciles de resolver. Y cuando tuviéra- 
mos que tomar decisiones difíciles, aquellas trascendentales para nuestro futuro... 
¡Cuan bueno sería pedirle consejo! 

Pero para el resto, ¿quién es Jesús? ¿Un simple profeta? ¿Un predicador que ya 
murió? ¿Un héroe nacional de los judíos, que murió como todos? ¿Una persona cu- 
yo cuerpo los cristianos escondieron para decir después que había resucitado? ¿Un 
personaje muy inteligente que supo insertarse en las profecías del Antiguo Testa- 
mento para hacerse famoso y lograr el liderazgo entre los judíos? 

Los líderes religiosos de su época lo combatieron. Y ellos sabían quién era Él. Gene- 
raron las condiciones para que muriera. Temieron su liderazgo. 

Muchos, a lo largo del tiempo, han combatido a Jesús porque sabían quién era Él (y 
que todavía es). Otros lo han combatido porque no sabían de quién se trataba. 
Otros, incluso, lo combatieron porque eran esclavos del otro señor, el enemigo de 
Jesús. Estos generalmente son los falsos líderes religiosos. 



De cualquier modo, Jesús fue un personaje increíble. Fue el hombre más humilde 
que pisó la faz de la tierra, aunque era el Dueño de ella. Fue la persona más perse- 
guida de la tierra; aunque era el Ser más poderoso que estuvo por aquí. Fue humi- 
llado, desamparado, y maltratado hasta la muerte, aunque fue el que más amó de 
todos. Murió, aunque resucitó de una muerte que debía ser eterna. Y lo más intere- 
sante es que Él volverá. Y cuando Él vuelva, muchos gritarán de alegría, y otros gri- 
tarán de terror. 

Él es un Ser increíble. ¿Lograremos conocerlo mejor en este trimestre? 



No el Bautista (Mateo 16:14) 

"¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?", preguntó Jesús. La respues- 
ta fue: Juan, el Bautista; Jeremías; Elias, o alguno de los muchos profetas del pasa- 
do; todo, menos que fuera el Mesías esperado. ¡Y eso que faltaban apenas seis me- 
ses para que fuera muerto! ¿Quién estaba detrás de toda esa confusión? Alguien 
que estaba preparando a las personas para que gritaran contra Jesús para que mu- 
riera más fácilmente. 

Convengamos, no era difícil confundir a Jesús con otro personaje. Notemos: los líde- 
res judíos jamás admitieron que Él fuera el prometido Hijo de Dios, el Mesías. Eso 
hasta nuestros días. Herodes, viendo la fama de Jesús, quedó pensando si no era 
Juan, el Bautista, resucitado. Y para completarla, lo que Jesús predicaba era una 
continuación de la predicación de Juan: los dos predicaban acerca del arrepentimien- 
to, sobre una preparación para una nueva vida. Y cuando Juan fue apresado, Jesús 
desapareció de aquella región y se fue a Galilea y otros lugares. 

A los líderes judíos les convenía que el pueblo no entendiera que Él fuera el Mesías 
prometido. Ellos ya estaban preocupados con la fama y el poder de Jesús, mientras 
intentaban sacar provecho para sí mismos. Imagina lo que hubiera sido para ellos si 
el pueblo supiera que ese Hombre fuera el Salvador de la humanidad. 

Al final de cuentas, ¿quién estaba interesado en la verdadera identidad de Jesús, si- 
no Él mismo? Por lo tanto, únicamente los discípulos entendieron quién era Él, el 
Hijo de Dios. Aún así, querían que Él fuera Rey en esta tierra. 



No Elias, o Jeremías, o alguno de los profetas 

Otros confundieron a Jesús con Elias o Jeremías. Es intrigante cómo las personas 
tienden a volver al pasado, y así evitar el futuro. Aún más, como tienden a reveren- 
ciar a los muertos en lugar de a los vivos. Y como tienden a valorar al ser humano, 
en lugar de a la Divinidad. 

Jesús estaba allí, proféticamente anunciado. Aún así, el pueblo, cegado por la igno- 
rancia y el prejuicio, veía en Él a Jeremías o a Elias. Había una profecía que anun- 
ciaba que primero vendría Elias, antes de la llegada del Hijo del Hombre, pero de allí 
al hecho de haberlo confundido con el antiguo profeta, es un desvío notorio de los 



escritos, pues era fácil darse cuenta de que Elias vendría primero, pero no que sería 
el propio Mesías (ver Malaquías 4:5; Mateo 11:14; 1 7:1 0-1 2). 

¿Por qué ellos confundieron a Jesús con algún profeta del pasado? Porque, por falta 
de conocimiento, siendo superficiales, adoradores de oído pero no de experiencia 
personal, tendieron a creer en lo que la mente elucubra o lo que oye de los otros, 
que hacen cosas parecidas. Entonces, tienen más valor los dichos populares y las 
creencias sin fundamentos que la verdad, que permanece desconocida y desacredi- 
tada. ¿Será que hoy es diferente? Es evidente que no. Hoy debemos conocer la ver- 
dad acerca de lo que Dios desea de nosotros, que somos santos (ver Levítico 20:23, 
24b, 26); sin embargo, la mayoría piensa que una vida superficial, sin conocimiento y 
sin una experiencia diaria con Cristo, viviendo una mezcla de cristianismo con mun- 
danalidad, practicando de vez en cuando alguna obra buena, así se salvará. Pero la 
sorpresa es que así los hombres se perderán. Es así que nos convertimos en cizaña. 
Aquí surge una pregunta: ¿Quién sembró la cizaña entre el trigo (ver Mateo 13:27, 
28)? ¡Fue el enemigo! ¿Y qué enemigo estará sembrando la cizaña, es decir, adora- 
dores superficiales, entre el pueblo que aguarda la Segunda Venida de Cristo? Esta 
parábola del trigo y la cizaña nos sirve de llamado de alerta. Ser cizaña es ser pro- 
ducto del enemigo de Cristo. 

¿Qué más fue lo que influenció sobre el pueblo para que creyera que Jesús era un 
mero profeta, Elias o Jeremías? Fue el mensaje. Estos dos profetas predicaron fuer- 
tes mensajes de arrepentimiento y reforma. Y Jesús también. Ellos enfrentaron a las 
autoridades de la época. Jesús también. Ellos fueron valientes y osados; Jesús tam- 
bién. 

Pero hay diferencias. Los dos profetas fallaron; Jesús no. Elias huyó de Jezabel, y 
Jeremías frecuentemente se desanimaba y se largaba a llorar. La vida de estos dos 
profetas no fue nada fácil, así como tampoco hoy es nada fácil para los Elias de hoy 
que necesitan reformar la Iglesia y sacudirla de su mundanalidad. Aquellos, en su 
época, hicieron un excelente trabajo. Pero ninguno de los dos servía de modelo para 
el Salvador, que no podía fallar. Jesús no fracasó; por lo tanto Él no fue Elias, ni Je- 



Aquí surge una pregunta fácil. Si el pueblo creyó que Jesús era Elias o Jeremías, 
¿por qué no creyeron en esos profetas, para así descubrir para qué había venido 
Jesús? ¿Porque querían a un rey secular? ¿Porque no lo querían como un Salva- 
dor? Si hubieran creído en aquellos dos profetas, entonces habrían visto en Jesús a 
otra persona, no un mero profeta, sino a Aquél que había iluminado e inspirado a 
aquellos profetas, el propio Maestro de los profetas. 

Continúa la fascinación - 1 

La Biblia no presenta pruebas directas de la divinidad de Jesús. Simplemente afirma 
que Él, antes de convertirse en un ser humano, era Dios. Podemos investigar evi- 
dencias bíblicas en su historia de la divinidad de Jesús, pero siempre surgirá el ar- 
gumento de que el papel acepta todo. Aún así, la Biblia sería el libro más fantástico 
en términos de la fertilidad de la imaginación humana, pues en ella no hay contradic- 



ciones, aunque fuera escrita en un período de 2.600 años. Es difícil aceptar que de- 
cenas de autores, a lo largo de los siglos, que no se conocieron entre sí, puedan ser 
tan coherentes entre sí en un texto compilado con un eje en un personaje central, 
Jesús. Esto es una evidencia muy fuerte de que Jesús es el propio Salvador, y no un 
ser humano más, aún cuando fue un gran héroe. 

Jesús siempre fue aceptado como un Ser divino, hasta que aparecieron los iluminis- 
tas con su manera racional de pensar las cosas. Ellos únicamente aceptaban la 
razón o, mejor dicho, su razón. Esta razón era gobernada por algunos presuposicio- 
nes inventadas por ellos mismos; y una de ellas era la de no aceptar nada que pudie- 
ra ser explicado por la mente humana. De esa manera, el ser humano convierte su 
capacidad de investigación mezquina y limitada a lo que sabe, o que piensa que sa- 
be y cree que es correcto. Esta manera de pensar lleva al desastre científico. A 
través de esa manera de pensar la ciencia un día terminará en pedazos, pues las 
formas falsas de pensamiento no son sustentables por la eternidad. 

Ahora, ¿cómo explicar a Dios basados en la limitada razón humana? ¿Cómo explicar 
sus actos basados en esa razón? Es imposible. Por lo tanto, únicamente por la razón 
humana, es obvio que naturalmente sólo se puede llegar a una única conclusión con 
respecto a Dios: que Dios no exista. Como Él no puede ser explicado, sólo puede 
aceptárselo por fe. Para la razón humana, sin revelación divina, Dios es un mito que 
jamás podrá ser comprendido. 

Fue dentro de ese contexto que se desarrolló la moderna ciencia, que busca explicar 
todas las cosas a través de un enfoque deductivo, es decir, a través de un medio de 
tipo experimental en búsqueda del conocimiento verdadero. No obstante, Dios no 
puede ser probado en un Laboratorio, por lo que el limitado método científico llega a 
la conclusión de que Dios no existe, y que Jesús no es Dios. En ese caso, el proble- 
ma no está en Dios, sino en el método para descubrirlo. Este método no sirve para 
obtener conocimiento sobre el origen de Dios, sino para obtener conocimiento sobre 
algunas de las cosas que Él ha hecho. 

Teniendo en cuenta esto, a los escépticos con respecto a Dios lo que les queda co- 
mo alternativa para entender la aparición del ser humano en la tierra es un proceso 
casual, de generación espontánea de la vida, por medio de complejas y felices coin- 
cidencias. En otras palabras, se habrían producido como resultado de coincidencias 
increíbles, estadísticamente improbables, de modo que hechos y elementos conflu- 
yan en el lugar y el momento correcto, mediante fenómenos electroquímicos en un 
contexto favorable. La vida se habría formado entonces como producto de una 
enorme cantidad de coincidencias favorables. Esta teoría nunca fue demostrada en 
un laboratorio, por lo tanto no puede ser comprobada, tal como Dios tampoco puede 
serlo. No obstante, esa es la explicación para la existencia del hombre que es admi- 
tida por la mayoría de la comunidad científica. ¿Por qué será? Pues los científicos, 
más que los niños y las personas humildes, son más fácilmente manipulados por Sa- 
tanás. Tienen la pretensión de ser hombres y mujeres más capaces que los demás 
seres humanos, y así el enemigo arremete contra ellos. Entonces dejan de ver lo que 
es mucho más obvio que aquello que elucubran en sus mentes. En verdad, hay mu- 
chos científicos que pretenden aún probar que Dios no existe, otra cosa imposible 
para la ciencia. 



A través de la ciencia, que muchas veces genera sofismas (razonamientos falsos o 
equivocados, incluso tendenciosos, para engañar, como subterfugios, explicaciones 
falsas, o -dicho de modo más claro- mentiras muy bien diseñadas), por los cuales 
muchos llegan a aceptar que aunque Jesús de hecho haya existido, pero no aceptan 
que se trata del Salvador de la humanidad. En este aspecto, Satanás ha tenido mu- 
cho éxito. Le cabe a los verdaderos discípulos de Jesús probar, a través de la trans- 
formación de sus vidas, que la verdad es exactamente lo contrario. Sin embargo, un 
sinnúmero de cristianos prueba, mediante la manera en cómo viven, que Jesús no 
pasó de ser un mero humano, cuyo proyecto de vida fue una gran frustración. Tú y 
yo debemos servir de marcos de referencia de verdad para probar la veracidad de la 
Biblia por el testimonio de nuestra vida de que Dios nos transforma en seres a seme- 
janza del Creador. 



Continúa la fascinación -2 

Hoy, los sofismas con respecto a Jesús siguen vigentes. La ciencia ha influido fuer- 
temente el pensamiento de las personas. Hay una manera muy sutil y poderosa en la 
actualidad para desacreditar que Jesús haya venido como Hijo de Dios para que por 
su muerte y resurrección se convirtiera en el Salvador del mundo. Es la teoría de la 
evolución de las especies. La propia ciencia, en coherencia con la realidad, dice que 
se trata apenas de una teoría. Esto significa que es un tema no lo suficientemente 
probado por la ciencia, sino sólo una posibilidad de explicación acerca del origen del 
hombre. 

¿Qué hacen los canales de televisión, las revistas y los diarios frecuentemente? Pre- 
sentan una serie de monos, desde unos tipos supuestamente más primitivos, hasta 
llegar al hombre caminando erecto. Basados en estos diseños, para los legos queda 
definitivamente probado que el hombre desciende del mono, y que no es criatura de 
Dios. 

Si fuera así, entonces Jesús no existe; y si existió alguna vez, nunca podría haberse 
convertido en Salvador, por lo que murió en vano pues, al final de cuentas, si el 
hombre está evolucionando hacia estados superiores, entonces resolverá por sí 
mismo la cuestión de la maldad y la mortalidad con el tiempo. Por lo tanto no necesi- 
ta un Salvador. ¿Y de dónde habría surgido ese Jesús? Si la evolución fuera verdad, 
entonces el propio Jesús, como Ser Superior, debería haber surgido por algún pro- 
ceso de generación espontánea, mucho antes que el ser humano, y así habría sido 
un ser más evolucionado sabiendo, por ejemplo, cómo resucitar de entre los muer- 
tos. 

Mi querido lector, las falsas explicaciones acerca de Jesús pueden ser inventadas sin 
límites. ¿Cuántas versiones falsas acerca de un hecho pueden ser formuladas? Infi- 
nitas versiones. Mas ¿cuántas versiones verdaderas existen sobre ese hecho? Sólo 
una, ¡la verdadera! La Biblia posee la explicación verdadera sobre nuestro origen, 
sobre Dios, y sobre nuestro futuro. 

Pero, ¿cómo puede ser aceptada como verdadera? Tal vez resulte algo chocante lo 
que voy a decirles, pero voy a formular una afirmación radical: No aceptes la Biblia 



como verdadera así tan ligeramente. No debes hacerlo. Necesitas poner al Libro bajo 
prueba, para ver si realmente merece crédito. Hay una prueba fácil de hacer. Parte 
de una premisa básica: Si ella es la Palabra de Dios, entonces lo que está escrito en 
ella merece crédito. Y para saber si ella es verdaderamente la Palabra de Dios, una 
prueba (no es la única) que puede hacerse es ver si su Autor cumplo con lo que en 
ella está prometido. Si tú te entregas a Jesús, el Jesús de la Biblia, con humildad, 
con disposición a ser completamente reformado, tu vida cambiará maravillosamente. 
Este cambio, que tú eres incapaz de llevar a cabo por ti mismo, y que Jesús sí hizo, 
es para ti una prueba particular que la Biblia es verdadera y que su personaje central 
es Jesús, el Salvador. Esta transformación para ti no es una simple evidencia, aun- 
que lo sea para otros. Para ti es una prueba de que Jesús está salvándote para vida 
eterna. Ante esta realidad, caen todos los sofismas y las falsas teorías acerca de 
Jesús. Te has relacionado íntimamente con Él, te has convertido en su amigo perso- 
nal. Y los amigos no necesitan pruebas. Lo que sí necesitan es continuar convivien- 
do en una relación cada vez más estrecha. 



Mesías, el Hijo de Dios (Juan 17:3) 

Jesús fue un personaje profetizado. Dicho de una mejor manera, las profecías bíbli- 
cas provienen de Él. Fue Él que las concedió al mundo, por medio de sus siervos, los 
profetas, y están escritas en su Palabra, la Biblia. En el caso de Cristo, Él cumplió las 
profecías que Él mismo reveló. O sea que Él siguió su propio plan para salvarnos, 
plan revelado en su Palabra por medio de las profecías. Este detalle hace que fuera 
más delicado que se cumpliera al pie de la letra todo lo que se había dicho con res- 
pecto a lo que tendría que suceder para que se convirtiera en el Salvador. Si algún 
detalla fallaba, y Satanás es alguien que está encima de los detalles, sería acusado 
de incapaz por el enemigo. De ese modo, todas las profecías escritas en la Biblia, las 
más combatidas por Satanás para que no se cumplieran tal como fueron escritas en 
relación a Jesús. Basta considerar, por ejemplo, si Jesús hubiera muerto de una ma- 
nera diferente, o que no fuera en el horario específico del sacrificio de la tarde. Con 
esos mínimos detallas ya podrían haber surgido cuestionamientos y argumentos co- 
mo para desacreditar a Jesús. 

Las profecías nos sirven de excelente punto de apoyo a nuestra fe. Todas las rela- 
cionadas con Cristo, así como las demás, hasta ahora se han cumplido sin el menor 
desvío. Y tenemos que tener en cuenta que las profecías en relación a Jesús fueron 
bastante detalladas. ¿Algunos ejemplos? Jesús nacería de una virgen (Mateo 1 :22, 
23); y ellos lo aguardaban por medio de las profecías (Mateo 1 1 :2-6), así como noso- 
tros lo aguardamos por segunda vez (Juan 14:3). Jesús, llamado el hijo de David, era 
-al mismo tiempo- el Señor de David (Marcos 14:61-64). El Creador y Libertador de 
Israel, que hizo a David rey de Israel, se convirtió en descendiente de David. Fue así 
porque Él se convirtió en ser humano para morir por nosotros. 

En ocasión del enjuiciamiento de Jesús (que en realidad fue nuestro juicio, puesto 
que lo trataron como pecador sin serlo, Él estaba siendo juzgado y condenado en 
nuestro lugar, el sumo sacerdote le preguntó si Él era el Cristo, el Hijo de Dios. Y Él 
respondió: "Yo soy", y profetizó que lo verían retornando a la tierra sobre las nubes. 



Más adelante, Tomás, quien había dudado de la resurrección (en cierta manera, fe- 
lizmente, pues así como la duda le fue quitada, también nosotros no tendremos moti- 
vos para dudar), pudo palpar las heridas de Jesús, y proclamó que Jesús era el pro- 
pio Cristo. Fue entonces que el Salvador le dijo que, si él había creído por haberlo 
visto, "Bienaventurados los que no vieron, y creyeron". Estos bienaventurados somos 
todos nosotros. Aunque no lo hayamos visto en aquellos tiempos, creemos en las 
profecías que dicen que Él volverá. Hay muchos detalles proféticos que, en cierta 
medida, incluso impiden que no se crea en la Segunda Venida. Hoy, debido a la gran 
proporción de profecías que se han cumplido, el dudar de Jesús y el plan de salva- 
ción es una postura arriesgada en lo que respecta a la propia vida. 

Aplicación del estudio 

Hagamos un viaje imaginario. Ya lo hemos hecho en otras oportunidades. Personal- 
mente, me gusta mucho situarme en un punto de la historia pasada a través de la 
imaginación y convivir imaginariamente con los personajes de aquella época. 

Imagina entonces que eres un ciudadano habitante de Nazaret en los tiempos de 
Jesús. La ciudad era pequeña, y tenía fama de que albergaba a individuos poco con- 
fiables. Era una ciudad impía. Notemos entonces que Jesús vivió su infancia en un 
contexto difícil. Podría haberse desarrollado, por ejemplo, en Capernaúm, o en otra 
ciudad espiritualmente más valorada. Pareciera que Él tuvo que enfrentar la contra- 
dicción del pecado incluso en sus años de crecimiento. Desde pequeño todo cons- 
piró contra Él. 

Tú eres un judío celoso. Ves a aquél niño ejemplar en la iglesia. Es un muchacho 
humilde, de padres bien pobres, que tienen que luchar durante toda la semana para 
obtener el sustento. El chico es estudioso, y por eso no le queda mucho tiempo de 
sobra para jugar. Desde muy niño tiene que ayudar a su padre en la lucha por el sus- 
tento. 

El muchacho crece y se convierte en un joven y luego en adulto. Su vida no parece 
demasiado promisoria, pues abraza el mismo oficio de su padre: la carpintería. Signi- 
fica un trabajo muy humilde y sin ninguna proyección social. Como decimos hoy: 
"Haciendo eso nunca lograrás ser alguien en la vida". 

Un día necesitas construir un establo para tus animales. ¿A quien contratas? A 
Jesús. Trabaja bien, cobra barato, y no genera problemas. Puedes ver que es una 
persona muy humilde, y que aunque es muy honesto es incapaz de convertirse en un 
líder en la sociedad. Es bueno para esos trabajos por los cuales se paga poco. Es 
fácil aprovecharse de Él. 

Pero él se va ganando cierto respeto y admiración porque, aún con todos esos facto- 
res en contra, demuestra una interesante capacidad en los asuntos religiosos. Ayuda 
en la iglesia, ayuda a las personas, es caritativo, entiende bien los escritos, da estu- 
dios bíblicos. Hace el trabajo de dos o de tres. Pero de allí a que sea el líder de la 
iglesia, no parece demasiado probable. No tiene el perfil de alguien que pueda impo- 
nerse por sobre los demás. 



Un día de esos, un sábado, le entregan a Jesús el rollo de Isaías para que lea. Y él 
lee un párrafo y después dice: "Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de 
oír" (Lucas 4:21). ¡Se trataba de la profecía acerca de la venida del Mesías! ¡El esta- 
ba allí diciendo que era el Mesías! 

¿Cómo puede ser? ¿Aquél carpintero haciéndose pasar por el Mesías? Pero, ¿qué 
está pasando por su cabeza? ¡Sólo es un carpintero! 

Pon tu mano en el corazón ¿Cómo reaccionarías tú? (Deja de lado tu conocimiento 
sobre lo que pasó después) Allí está la cuestión. El era demasiado humilde, tenía un 
perfil de trabajador, de siervo, no de líder y Maestro. Mucho menos para ser el Mes- 
ías. Era apenas un ser humano más, de carne y hueso, sujeto a todo a lo que los 
demás seres humanos estaban sujetos. 

Se hacía difícil aceptar que aquél bebé, luego un niño, después un joven y finalmente 
un adulto, un humilde carpintero sin mayores expectativas, de un momento a otro se 
presentara como el Mesías... 

¿Cómo habrías reaccionado? 

Hoy alzamos nuestra voz condenando a aquellos que lo expulsaron de la sinagoga 
por haberse proclamado Mesías. No pudieron ver el futuro en Él, aún conociendo las 
profecías relativas a Él. Es fácil juzgar a los demás después de que otros cometieron 
los errores y luego de que podemos evaluar lo sucedido. Pero a mí me surge la pre- 
gunta: ¿Aceptamos hoy que ese Mesías es nuestro Salvador que está muy pronto a 
volver? 

Prof. Sikberto R. Marks 



Comentario da Ligao da Escola Sabatina 



© Prof. Sikberto Renaldo Marks 

(marks@unijui.tche.br) 



© Traducción: 

Rolando D. Chuquimia (rdchuquimia@ciudad.com. ar) 

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